¿Dónde puedo invertir?
Empezar a invertir puede resultar abrumador: es un mundo enorme, con múltiples opciones y alternativas, y no siempre queda claro por dónde arrancar. Antes de elegir un activo, conviene tener en claro tres cosas:
Tu perfil de inversor
El nivel de riesgo que estás dispuesto a asumir
Tus objetivos financieros y el plazo en que queres conseguirlos
Para ayudarte con esto, la mayoría de los brókers ofrecen un "Test de inversor": respondés algunas preguntas sobre tus preferencias y te sugieren en qué tipo de activos invertir. Podés probar, por ejemplo, el test del Banco Nación.
Con esa base, ya podés empezar a distinguir los rasgos que diferencian a los activos financieros entre sí.
Inversiones de bajo riesgo 🛡️
Si tu perfil es conservador —es decir, no querés exponer tu dinero a grandes fluctuaciones en su precio o rentabilidad— probablemente estés buscando una inversión de bajo riesgo.
Este tipo de instrumentos suele tener una rentabilidad esperada más baja, producto de la correlación positiva entre riesgo y rentabilidad: a menor riesgo, menor rentabilidad; a mayor riesgo, mayor rentabilidad potencial.
Generalmente se trata de instrumentos de renta fija: el emisor se compromete a un cronograma de pagos y a una fecha de vencimiento preestablecida, a diferencia de la renta variable (como las acciones), donde no hay ningún retorno garantizado.
Dentro de la renta fija, la tasa de interés puede ser fija o variable. Si es fija, no cambia durante la vida de la inversión y sabés de antemano cuánto vas a ganar. Si es variable, el cronograma de pagos sigue estando definido, pero la tasa se ajusta según algún índice (por ejemplo, CER o badlar), por lo que el monto final puede variar. Suelen ser, además, inversiones de corto plazo.
Por esta combinación —bajo riesgo, corto plazo y rentabilidad conocida— este tipo de inversión es ideal para el dinero que no podés arriesgarte a perder porque lo vas a necesitar pronto. Por ejemplo: el pago de tarjetas de crédito a fin de mes, o los gastos regulares de la semana.
Algunos instrumentos habituales: plazos fijos, fondos Money Market, billeteras virtuales o cuentas remuneradas, y cauciones.
Inversiones de alto riesgo 🎢
En el otro extremo están las inversiones de alto riesgo, donde sabés que te expones a la volatilidad del mercado —con subas y bajas de precios— y a una rentabilidad incierta. A cambio, tienen un potencial de ganancia mayor.
A diferencia de las inversiones conservadoras, aquí la tasa de rendimiento suele ser variable: no conocés la rentabilidad exacta de antemano, sino que varía según las condiciones del activo, de su emisor o del mercado en general.
Por su volatilidad, este tipo de instrumentos suele estar asociado a inversores con mayor experiencia y conocimiento técnico, capaces de identificar buenos momentos para comprar y vender, y de asumir el riesgo que eso implica.
Un instrumento de riesgo alto muy utilizado es la compra y venta de acciones y, en Argentina en particular, de CEDEARs: certificados que representan acciones de empresas que cotizan en Estados Unidos. Dentro de este universo, también podés optar por sectores más estables, como el de salud o consumo masivo. Comprar acciones de Coca Cola, por ejemplo, puede ofrecer un rendimiento potencial menor al de otras compañías, pero con un crecimiento más constante en el tiempo.
Estrategias intermedias
El riesgo, en realidad, no es una elección binaria entre "bajo" o "alto": es un espectro, y se puede armar una estrategia que se ubique en cualquier punto de ese espectro.
Una manera de lograrlo es combinando instrumentos de bajo y de alto riesgo dentro de una misma cartera, en las proporciones que a uno le resulten cómodas. Esto es lo que se conoce como diversificación: en lugar de poner todo el dinero en un único tipo de activo, se lo reparte entre varios, buscando que el comportamiento de unos compense al de otros, y reduciendo así el riesgo total de la cartera sin resignar por completo la rentabilidad.
También se puede acceder a esa combinación ya empaquetada, a través de FCIs o ETFs de renta mixta: fondos que invierten simultáneamente en instrumentos de renta fija y de renta variable, delegando en el fondo la decisión de cómo balancear ambos componentes. Son una alternativa habitual para quienes quieren diversificar sin tener que armar y gestionar esa combinación por su cuenta.
¿Cómo se define esa proporción entre bajo y alto riesgo? Ahí vuelve a entrar en juego el perfil de inversor del que hablamos al principio. Alguien más conservador podría armar, por ejemplo, una cartera con 70% en instrumentos de bajo riesgo y 30% en alto riesgo, mientras que alguien con mayor tolerancia podría invertir esa relación. Y esa ponderación tampoco tiene por qué ser fija: es normal ajustarla con el tiempo, a medida que cambian los objetivos financieros o se acerca el momento en que se va a necesitar el dinero.
En definitiva, no existe una inversión "mejor" en términos absolutos: la elección correcta depende de tu perfil, tu horizonte de tiempo y cuánto riesgo estés dispuesto a tolerar. Conocer estas categorías es el primer paso para armar una estrategia que se ajuste a tus objetivos.